La diferencia entre la velocidad que marca el coche y la que muestra el navegador no es un error. Detrás hay razones técnicas, legales y una curiosa forma de medir el movimiento.
Muchos conductores se sorprenden al comprobar que la velocidad que marca el coche no coincide con la que aparece en el navegador o en aplicaciones como Google Maps o Waze. Sin embargo, esta diferencia no es fruto de un fallo, sino de cómo se mide la velocidad y de las normas que regulan los instrumentos del vehículo.
La normativa europea UN ECE establece que el velocímetro de un coche nunca puede indicar una velocidad inferior a la real. Por eso, los fabricantes calibran este dispositivo para que siempre marque un poco más. Es habitual que, si el GPS indica 100 km/h, el coche muestre 103 o 105 km/h. Esta diferencia tiene un objetivo claro: servir como margen de seguridad para que el conductor no supere los límites sin darse cuenta.
Los navegadores, en cambio, calculan la velocidad basándose en la posición del vehículo durante un periodo de tiempo, utilizando señales de satélite. Al depender del Sistema de Posicionamiento Global (GPS) y no de sensores del coche, la medición es más precisa y no se ve afectada por factores como el desgaste o el tamaño de los neumáticos.
Por tanto, esta discrepancia entre el velocímetro y el GPS no se debe a un error, sino al cumplimiento de la legislación vigente. Además, tiene un lado positivo: si el conductor se guía por la velocidad que marca el coche y respeta los límites de la vía, estará siempre dentro de la legalidad y evitará sanciones por exceso de velocidad.
El GPS, por su parte, funciona gracias a una red de satélites que orbitan alrededor de la Tierra y envían señales de radiofrecuencia a los dispositivos receptores, como los que llevan los coches o los teléfonos móviles. A través de un método llamado trilateración, el sistema determina la ubicación exacta del vehículo calculando la distancia con al menos tres satélites diferentes. Con estos datos, el dispositivo puede conocer tanto la posición como la velocidad del coche con gran precisión.
En resumen, tanto el velocímetro como el GPS tienen razón, pero cada uno mide la velocidad de forma distinta y con fines diferentes: el primero por obligación legal, y el segundo por exactitud técnica.
Fuente: motor.elpais.com
